Literada Internáutica 

foto Paola Arbiser
foto Paola Arbiser

  

 Encuentro de poesía y cuento en un ambiente cálido y hogareño. La entrada es gratuita; la comida y la bebida son la pesca del día, recomendamos tener al alcance una bebida espirituosa, según capacidad de aprovisionamiento.

Confiamos en hacerlos sentir como en casa; en la suya.



Hugo
Hugo

Rosita Rosa

                                   por Hugo Balmaceda

   


     Hoy 58 años no son lo mismo. RR hacía una vida ordenada. Se acostaba a las 23.00 Hs. y se levantaba a las 08.00 Hs.. Desayunaba te verde con dos tostadas de pan lactal untadas con mermelada dietética. Almorzaba medio plato de verduras crudas o cocidas, un cuarto de legumbres y otro cuarto de proteinas. Merendaba igual que el desayuno y cenaba igual que el almuerzo.

Siempre había sido linda, según los cánones de belleza occidentales. Rubia, de ojos azules, busto mediano firme, cola parada en caderas normales, piernas largas y bien torneadas y nada de panza ni brazos con hamacas. Su piel sin excepción era una seda entre rosa y leve tostado. Pero su rostro enmarcaba su nariz diminuta y sus labios extrañamente abundantes. De joven fracasó en dos carreras universitarias pero no le molestó. Tenía la vida asegurada en lo económico. Tres sesiones de gimnasia por semana y tres vueltas diarias a la quinta de Olivos contribuían a su excelente estado físico. También era disciplinada en sus chequeos médicos, lo que en una ocasión le salvó la vida cuando le extrajeron un pólipo del intestino muy a tiempo.

Wencesalao Friuli, fue a anotarla en el Registro Civil.

Empleada: -Buen día señor. Por favor, documentos de padre y madre.

Wenceslao: -Acá están.

Empleada: -Nombre o nombres de la niña por favor.

Wenceslao: -Rosita...ejem...Rosa. (La empleada anotó Rosita Rosa en la partida de nacimiento, y el papá firmó sin mirar). Por supuesto que ella, para todo el mundo era Rosa. Y para algunos de sus enamorados Rosita.

Volviendo al presente, en una reunión de RR con sus presuntas amigas:

Anabella: -Ayer estuve viendo la novela de las 5 de la tarde, y me volví loca con

Leandro Andrade, en la forma que la besaba a Analía Graciela Franklin!

Jazmín: -La ví de casualidad. Me encanta la facha de Leandro. Para mí es el mejor actor del momento.

RR: -Dejenme de joder! Eso es una boludez! Son escenas repetidas desde hace 20 años y nadie se da cuenta! Además, ese Andrade, como actor es una garcha!!

Si. Entre casa o entre amigas era muy mal hablada, tal como es de rigor en círculos de clase media alta. RR jamás había pertenecido a esos círculos, pero lo aparentaba bastante bien. También asumía una adhesión política, como es de esperar, de derecha. Pero allí le fallaba su apariencia de clase distinguida, ya que lo burdo invadía su racionalidad. Su cabecita rubia copada por implantes mediáticos, reaccionaba espontáneamente como un perro de Pablov, cuando alguien elogiaba a la ex-presidenta nacional y popular Cristina.

Paula: La vieron ayer a Cristina en su nota con ese periodista que le dicen el gato?

RR: Ah! No me hables de esa chorra. Se robó todo! Se llevó un PBI completo y lo tiene protegido en bancos del vaticano! El papa mismo la protege!.

Pero el paralenguaje que empleaba para decir sin fundamentos esas burdas aseveraciones, demostraba notas de odio y enfado.

Y a pesar de no amar en absoluto a sus amigas, le complacía que la miraran como desde abajo, hacia el pedestal de su ego. Ella era la que las otras querían ser y jamás se animaron.

Había tenido algunas parejas luego de su divorcio. Las que más le duraron fueron del tipo "Sí querida".

Debi
Debi

La historia de Iza.

 Grace Ramsay


Este poema está tomado de "La historia de Iza", de Grace Ramsay. Es del año 1869.

Y la gente se quedaba en casa

Y leía libros y escuchaba

Y descansó e hizo ejercicios

E hizo arte y jugó

Y aprendió nuevas formas de ser

Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente.

Alguien meditó,

Alguien rezó,

Alguien estaba bailando,

Alguien se encontró con su sombra.

Y la gente comenzó a pensar diferente

Y la gente sanó.

Y hubo ausencia de personas que vivían

en una peligrosa ignorancia,

sin sentido y sin corazón.

Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó

Y las personas se encontraron,

Lloraron por los muertos

Y tomaron nuevas decisiones...

Y soñaron con nuevas visiones

Y crearon nuevas formas de vida.

Y curaron completamente la tierra,

Justo cuando fueron sanados.


Esther Moro
Esther Moro

LOS JUEGOS CON EL MALO

Cuando atravieso las malezas del tiempo por una hendija de luz logro ver a la niña que fuí; reconozco que ella sabía de muchas cosas que este yo de ahora olvido.Conocía entre otros entes, el idioma del sol cuando anuncia las estaciones, sabía según su posición cuando empezaban o terminaban algunos juegos.

Había juegos del día y de la noche.

Juegos del frío y el calor.

Con la llegada del otoño y los primeros fríos, al comenzar la escolaridad, llegaban los juegos con lo invisible, "los juegos con el malo" según el decir de la nona Dominga.

Tardes frías, con cielos quejumbrosos eran las ideales para jugar a las voces del otro lado y a los miedos.

La veo llegar, trenzas y delantal blanco,abrigada de lana y bufanda, con mi mamá llevándola de la mano a esa casa donde se podía jugar de verdad, según decia la que fuí.

Era una casa descolocada en el tiempo de la ciudad, imponía otras épocas, otro mundo dormía en esas estancias de techos altísimos

Muy larga se entraba por Carlos Pellegrini y se podía salir por Suipacha,atravesaba la manzana. Tenía una higuera y un pozo de agua.

Allí vivían los Romualdi, bajo el dominio de la implacable nona Dominga y su cocina guardiana de aromas que despertaban las papilas gustativas en esos días y horarios que las mujeres arremetian con sus artes culinarias.

La cocina era el reino de las mujeres de la familia, cálida y olorosa.Las hermanas,las cuñadas,sobrinas,tías lejanas y cercanas. Todas enormes y gordas convivían en esa cocina donde mi madre, pequeña y menuda, desaparecía entre esa enorme humanidad donde se sentía muy querida.

Ella, me quitaba el delantal y alguna de las tías me servia la merienda; preguntaba entonces por Jorge, mi amigo, y pedía permiso para ir a buscarlo, atravesaba dos o tres habitaciones consecutivas y mal ventiladas que olían a edredones de pluma y kerosén de las estufas, hasta llegar hasta la de Jorge, donde se encontraba haciendo la tarea.

El muchachito le proponía jugar a las figuritas u otros juegos similares, los juegos de ella no lo entusiamaban pero al final siempre accedía ir en busca de los piratas, los tesoros, pero sobre todo el encendido festival de los ruidos, que sabían comenzar con un imperceptible ruidito.

Así era que con el descuido de las entretenidas mujeres, salían al anochecer frío en busca de la centenaria higuera que se erguía tenebrosa en la mitad del largo patio de la casa.

Jorge indeciso la seguía, ella audaz siempre tomaba la delantera.La higuera los esperaba con sus ramas deformes extendidas hacia ellos.

Ambos corrían alrededor de la higuera, intensificando la energía en cada vuelta, la mayor de las veces lo hacía ella sola

Ese era el ritual que desencadenaba la la vida oculta de la higuera, cuando finalizaban la ceremonia subian por una escalerita que los llevaba a un pequeño torreón así lo llamaban,pero era un pequeño baño tal vez de servicio. Era una construcción inesperada en ese lugar del patio, pero en esa casa sin igual todo era de esperar.

Allí se quedaban inmóviles, esperando a que comenzaran los gritos, los lamentos, palabras de entonaciones extrañas, a veces cánticos venidos de ese cielo nuboso cada vez más bajo y derrumbandose sobre ellos, mientras un sonar de cadenas los ensordecia.

Tomados de la manos, expectantes y muertos de susto, hasta que la nona Dominga hacia su aparición muy enojada y con su fuerte voz gringa ahuyentaba a los seres de la higuera, e inmediatamente dirigiendos a ellos con gestualidad contundente,les recriminaba: "basta ya de jugare con el malo, es pelicroso,va vía pronto a la casa" decía esto haciendo aspavientos con los brazos y a los gritos.

Jorge, aprovechaba la aparación de la vieja para salir despavorido, alejandose de esa situación y de ella.

En cuanto a la que fui, bajaba dignamente por la escalerilla y con la nona se miraban fijamente a los ojos e iba en busca de mamá.

La vieja nunca le dijo una palabra. Sólo la miraba, muy seria.

Paola Arbiser
Paola Arbiser
Rubén Rodriguez (foto Paola Arbiser)
Rubén Rodriguez (foto Paola Arbiser)

La Plaza de Ceferino 

                                                         Ruben Rodriguez

Tenía 12, año 1978 ... a esa edad y en esa época no se podía que un varón fuese una luz en las relaciones interpersonales, y yo no era la excepción ... más bien al contrario.

Me habían apodado tapia a los 11 años, y más tarde en la vida descubrí que la Tapias no escuchaban ... tampoco hablaban, y por eso tal vez me había ganado el apodo ya que yo hablaba muy poco y a veces no prestaba la debida atención a lo que comentaban los demas, asi medio volado como vivía, y supongo que eso se interpretaba como que no escuchaba bien.

Podrán imaginarse que mi escasa vida social era un desastre. Había tres (3) chicos del barrio que podía considerar más o menos amigos y de ellos dos tenían problemas de conducta, y no es que se portasen mal sino que eran tímidos o medio nerds. De hecho no conseguí nunca ser parte de un grupo de personas que se portaran 'mal' aunque fantaseaba con eso algunas veces ... sencillamente no se me daba.

Me despertaba por las mañanas para ir al colegio sin demasiadas ganas, ya que en la escuela tampoco la pasaba bien dado que me gastaban por ser gordito y bastante tímido. Siempre me despertaba mi madre ya que no había otra posibilidad por el hecho de que no había vuelto a ver a mi padre desde los 3 años cuando se separaron. Mi vieja lidiaba con el mastodonte preadolescente en que me había convertido haciendo su mejor esfuerzo por que me animara y saliese nutrido y contento con destino a la institución educativa.

Lo de la alimentación era un tema, ya que mis abuelos venían de una época en que sus padres inmigrantes habían pasado hambre, y evidentemente asociaban salud con tamaño y buen apetito en la mesa, en la sobremesa y en la post mesa. Y si bien en esos tiempos no había celulares ni playstation, ni todo el ejercicio del mundo 24 x 7 podría competir con comidas que consisten usualmente de 1 entrada, 1 sopa, 2 platos bien servidos, 1 postre y 1 dulce al final como para relajar el estómago.

Mi abuelo era de origen Italiano y por ende le encantaba servirnos pasta con salsas abundantes y rociada con tanto queso rallado que terminaba ocultando la salsa. Y en esa época el queso lo comprabas por horma, no como ahora que compras 150 gramos y sentis que dejaste el sueldo del mes. De hecho lo menos que yo le echaba a mi plato durante los almuerzos con mis abuelos eran 150 gramos. Y el dulce de batata ... ! el 'Dulce de Batata con Chocolate' era la perdición de nuestra infancia de mi primo y yo, nos podíamos llegar a bajar medio kilo de postre nomas. Creo que no me morí de diabetes a los 13 porque Dios tenía otros planes o porque tengo una salud literalmente envidiable. Ah si, tengo un primo - perdón que no les conte antes - se llama Damián, y yo me llamo Ruben, o Rúben según donde le pongamos el acento.

Bueno, la cosa es que yo disfrutaba la comida y me encantaba comer. Con la comida me entendia bien ... cosa que no sucedia con el resto de mis semejantes.

Con el resto de la especies no humanas también la llevaba pasable. Me llevaba muy bien con mi tortuga - por suerte en ese momento se podía tener y nadie de tráfico de fauna te perseguía - y también con los caracoles y babosas del jardín después la lluvia y con el limonero bajo el que solía jugar a desarmar cosas a veces por la tarde.

Las tardes eran todo un tema ... en particular porque yo estaba solo.

Bueno, sólo técnicamente hablando no, dado que mi mama me dejaba al cuidado de los vecinos del fondo, una familia tana de pura cepa compuesta por Doña María, Don Mario - juro que se llamaban así - y sus dos hijos. Maria era la encargada de hacerme la comida del mediodía al volver de la escuela y de echarme un ojo cada tanto cruzándose a la casa de adelante que era donde vivíamos con mi vieja. Pero en el fondo - digo en el fondo - me sentía solo. Demasiado tiempo libre ...

Teóricamente por las tardes yo debía hacer los deberes que nos daban para el dia siguiente y que en el 90% de los casos no lo hacía. Era muy inteligente pero también bastante vago. Recuerdo que durante un año entero mi madre se esforzaba en quitar del aparato y esconder cuidadosamente una de las lámparas del televisor - si, los TV funcionaban a lámparas antes - y yo me aplicaba prolijamente la primer media hora después de retornar el colegio a buscar, encontrar y volver a colocar en su sitio la misma, a efectos de poder pasar buena parte de la tarde viendo tele y dejar los odiosos deberes para la noche. Asi hasta que mi vieja se avivo y empezó a llevarsela a la oficina dentro de su cartera.

Asi que asi eran mis tardes, entre el almuerzo con la familia M y M, las series de tv, tratar de hallar a la tortuga en el jardín, que tenía la costumbre de esconderse en un lugar distinto cada día, leer comics de la época, cosa que me fascinaba y (obviamente) me masturbaba mucho.

En ese momento lo más excitante que un niño podía encontrar en una casa donde no había varones mayores como padre o hermanos, ya que yo era 'hijo único de madre única' como solía decir a quienes me preguntaban, eran recortes de alguna chica famosa en maya de una y a veces de dos plazas, gracias a lo cual se nos desarrollaba una imaginación frondosa tratando de adivinar qué se veria debajo de esos triángulos de tela de colores. Tocarme el pene hasta acabar era uno de mis entretenimientos preferidos.

Recuerdo que me masturbaba en variadas posiciones ... casi siempre con la mano derecha y a veces a dos manos: de parado y con casi toda la ropa puesta, o sentado y con los pantalones bajos para que no me estorbaran, o totalmente desnudo en la cama y frotando mi pene contra la almohada, a la que imaginaba sensual chica de tapa de la época. Por suerte no teníamos una formación religiosa estricta y por ende no sentía culpa alguna ni nada que mermara el intenso placer que ello me producía.

Hablando de religión ... no profesamos ninguna en particular, aunque se notaba una cierta preferencia de mi madre hacia el cristianismo, no practicante pero sí como preferencia. Recordaba el ir a la iglesia que estaba al lado de la placita del barrio, a dos cuadras, solo en ocasiones muy especiales como una boda, un funeral, o si había que pedir por algo super, super importante como la salud de alguien muy querido o cercano, y aun así mi madre a esa edad me preguntaba si quería acompañarla o prefería quedarme haciendo otra cosa.

A pesar de los esfuerzos de mi madre para que no contrajera algún tipo de preferencia religiosa en particular el destino le tenía reservada una mala pasada, ya que en la esquina de mi cuadra más alejada del río había una plaza - ojo, no es que el río estuviese cerca ya que se hallab a como 70 cuadras al menos, pero es para tomar alguna referencia - decía: en la esquina había una plaza y pasando toda la plaza, o sea del otro lado, existía una pequeña iglesia de pueblo y justo al lado del edificio de la iglesia habían colocado un pequeño busto de Ceferino Namuncurá, junto a una pequeña reseña de su vida y obra.

Contra todo pronostico para mi y para Pablo, uno de mis unicos 3 amigos, 'El Santito', como lo comenzamos a llamar se transformó en una figura extremadamente querida por nosotros.

Por supuesto que no teníamos la mas palida idea de que en ese momento en realidad no era un santo, sino que ostentaba el título de 'Venerable', que era el paso previo a ser declarado Beato y más tarde con bastante suerte Santo. De hecho Ceferino fue declarado más tarde Beato por Benedicto XVI en el año 2007.

La humildad y la bondad que se desprendían de su mirada nos impactó profundamente y creo que instantáneamente lo adoramos como jamás no nos hubiese sucedido si nos hubiesen querido obligar a adorar a esos santos presuntuosos que estaban adentro de la iglesia con sus espadas matando dragones, o con sus manos haciendo como que bendicen a multitudes. Ceferino era humilde, extremadamente tranquilo, se le notaba que era buenisimo, y no necesitaba brillar para que lo quisieran ... exactamente como nosotros.

Fue conocerlo, adoptarlo y pasar casi todas las tardes por la iglesia unos minutos, solo un breve lapso ya que a esa edad no necesitábamos más, a saludarlo y agradecerle que nos estuviese haciendo compañia y nos cuidase. Pablo también tenía las tardes muy libres ya que su mamá también estaba separada y trabajaba todo el dia como la mía. Así fue que nos fuimos haciendo muy amigos y hasta diseñamos juntos varios modelos de autos de carrera con plastilina en la punta y una cuchara para reemplazar las ruedas delanteras. Ese era un secreto a voces de la época entre los varones para crear autos de plástico que fuesen capaces de deslizarse con peso y velocidad - sin desviarse casi - por el cemento del medio la calle.

Eran otros tiempos claro porque nadie nos decía nada si estábamos acostados en medio del cemento lanzando autitos, y si venía un coche de verdad a lo sumo con infinita paciencia nos tocaba la bocina ... la gente vivia mas relajada en esos años.

Donde nosotros no lograbamos relajarnos era en las competiciones con figuritas de metal ... Mira que yo no era de agarrarme a piñas, de hecho a pesar de mi volumen no sabía pelear, y no me gustaba ni hacer daño ni obviamente que me hiciesen daño, lo cual me dejaba muy por abajo en chances de ganar una pelea si se suscitaba, pero cuando competiamos por las figuritas de metal de jugadores de fútbol me enojaba y gritaba como el mejor. Yo creo que alli aprendi a putear.

Putear es un verbo totalmente aceptado por la Real Academia pero que hoy entiendo que suena un poco a lenguaje antiguo y hasta ofensivo, ya que una de sus acepciones es ´hacer vida de puta'. Sin embargo en mi infancia era ampliamente usado y recuerdo que lo ejercitabamos entusiastas en casi todas sus formas verbales, aunque en general no delante de nuestra madres claro.

De los pocos talentos que yo consideraba tener en esa edad el calcular dónde iba a caer la figurita de chapa era uno de ellos, tenía buen cálculo y eso me garantizaba una satisfacción interna que no me producían otros juegos para los que era malísimo, como por ejemplo el fútbol. Recuerdo que me agitaba mucho al correr y nadie me elegía para su equipo, y cuando finalmente una vez por lastima me dejaron jugar como defensa una pelota rebotó en mi cuerpo y nos anotamos un gol en contra ... esa fue la única vez que hice un gol en un partido y llegue a pensar que el fútbol no era lo mío, idea que he mantenido hasta hoy.

También recuerdo que me encantaba andar en bici. Y cuando mi madre después de dos años de martillarle la cabeza me compro una bici que andaba bien con mi peso y que me quedaba casi, casi alta respecto del piso fue el dia mas feliz de mi vida ... Andaba con ella para todos lados y por todas las veredas y calles, ágil como un pájaro, mostrandosela a mis escasos amigos y no queriendo caminar ni para ir a comprar al almacén que quedaba a la vuelta de la manzana. La verdad es que fue una cagada que me la robasen a los 8 días.

La había dejado apoyada en la pared del almacén, en mi casi completa ignorancia de maldad que ostentaba en ese momento, y al salir de comprar me desespere porque por mas nabo que fuese me daba cuenta de que las bicicletas no se van solas ... Recuerdo que primero di 2 veces la vuelta a la manzana en la que estaba, y luego seguí dando vueltas en las cuadras y manzanas subsiguientes, hasta darme por vencido media hora más tarde acalorado y desesperado. Entonces me senté en el borde de una puerta y llore ... llore silenciosa y abundantemente sin animarme ni siquiera a volver a mi casa para no sentir la vergüenza de decirle a mi madre que me habían robado la bici. Creo que llore por todo lo que no había llorado los 3 años anteriores. Endurecerse y que nada te toque era un camino posible y seguramente mi vieja se vendría cuestionando ya medio preocupada por que yo nunca lloraba ni parecía estar triste.

Cuando se lo conté finalmente a mi vieja, ella con una inteligente sabiduría me fue preguntando suavemente que había sucedido y me escuchó con infinito amor, dándose cuenta seguramente de lo que pasaba por mi alma, y recuerdo que me dejó absolutamente sorprendido cuando me dijo que me tranquilizase y que seguramente Dios nos iba a echar una mano y que por que no iba al día siguiente a pedirle al Santito que sucediese lo mejor que tuviese que suceder. Ya fuese que la bicicleta apareciese o no, pero que pidiese lo mejor para mi y para todos.

Me quedé de una pieza al escucharla ... ya que yo no sospechaba que ella sabia lo de nuestra devoción por Ceferino. Más adelante en el tiempo se me hizo evidente que mi vieja no era ninguna boluda y que la internet de esos tiempos - llámense madres y vecinas - funcionaba excelente y que ya le habían comentado que yo y mi mejor amigo íbamos todos los dias a ver al santito.

Me descolocó tanto que casi se me fue de la cabeza lo del robo de la bici, otro acierto de mi madre evidentemente y esa noche me preparo una comida que sabía que me encantaba y me dejo tomar todo el postre que quisiese. Al otro dia fui a ver a Ceferino, me acompañó Pablo y ese dia me quede un largo rato sentado al lado de su busto, sin pedirle nada en particular ya que la verdad es que no sabía rezar y no quería meter la pata. Me limite a estar con él y él a estar conmigo. Recuerdo que mi amigo se levantó al menos 3 veces de puro aburrido ya que nunca nos quedabamos tanto tiempo y sin embargo me hizo la gamba y yo quede re agradecido por eso.

La bici nunca apareció ... Pero más adelante tuve otras bicicletas y el recuerdo de como me reconforto sentarme a la vera del santito no se borro de mi ser.

En dos o tres oportunidades en las que me encontré en una situación difícil, como cuando me corte toda la mano izquierda con una botella de coca cola, o cuando me quisieron hacer fumar a la fuerza y estuve tosiendo dos dias seguidos, me caminaba esa cuadra hasta la plaza y tan solo con ver sus ojos humildes me sentía reconfortado. Seguía sin profesar ninguna religión y ni soñaba con entrar al edificio ... pero me hubiese muerto si hubiesen sacado su busto del costado de la iglesia.

Con el tiempo, me mude del barrio y otras bicis más existenciales me fueron robadas ... y más de una vez mis manos se cortaron y lastimaron en el devenir de mi vida. Casi, casi, me fui olvidando de Ceferino que ahora era ya Beato.

Un primer matrimonio con una mujer abandonica, que nos dejaba solos a mi hija recién nacida y a mi, una segunda pareja con otra mujer cuyo hijo padecia una enfermedad que requería mucha atención, y otros sucesos que se fueron dando durante los siguientes 30 años hicieron que las pocas veces que me acordaba de mi infancia y les contaba alguna anécdota a mis amigos les dijese - medio en broma y medio en serio -, que debería hacerme una peregrinación a la plaza de mi infancia y sentarme un rato al costado de la iglesia ... si es que todavia existia. Pero nunca lo hice.

Hasta ayer ... un dia cualquiera y sin ningun drama aparente. Ya que ahora estoy muy feliz en mi vida actual y hago muy buena parte del tiempo lo que me gusta, tengo a quienes amar y soy amado, tengo proyectos y tengo unas nietas hermosas. Y sin embargo, por insólito que parezca sentí la necesidad impostergable de llegarme hasta la plaza del barrio.

Mal momento si se quiere - ya que estaba sin auto porque lo había dejado en el mecánico hacía una semana y no hay ciertos repuestos - y porque ahora vivo bastante lejos del barrio de mi niñez, pero algo me decía que ahora si tenia que ir. Tome un primer colectivo, luego tomé el tren, luego volví a tomar un segundo colectivo, y a medida que iba desandando el camino por el que me había llevado la vida hacia la adultez me fui dando cuenta de que era lo que sentía ... Esa puerta que abre el camino hacia la abundancia se había entreabierto en mi y por el vado de la puerta yo veía la imagen de Ceferino Namuncurá a la luz de un puro, profundo, sencillo y sincero agradecimiento.

Desande las cuadras hasta la placita de mi infancia sintiendo - no sé bien por que - que se me humedecian los ojos sin buscarlo y ya ahora sin vergüenza, cruze la placita, atravesé la verja que acompañaba a la vieja y pequeña iglesia y me dirgi con el corazón latiendome suave hacia el muro del costado donde solía estar el busto de Ceferino con su mirada buena.

Y ahí estaba el santito ... esperando.